Ah, famélica sinrazón de la hasta ayer innombrable, al alba reconocida, del americano importada, crisis, qué crisis. A domeñarte con denuedo se afanan ínclitos eruditos, dóciles unos, sediciosos los otros, circunspectos todos. Miles son tus principios y cientos tus remiendos; decenas son razonables y contados son plausibles. Asaz ominosa, conminas impía a derechas e izquierdas, juramentos y promesas, liturgias y ceremonias, y no das tregua ni alto el fuego a generosos banqueros ni a emprendedores patronos.

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