En Baleares deben de sobrar médicos; tantos como hectómetros cúbicos de agua en la cabecera del Tajo, o como los que vierte el Ebro al Mare Nostrum. Que sobran médicos se deduce directamente del hecho de que el gobierno balear haya aprobado un decreto que les obliga a acreditar su nivel de catalán mediante un examen. Cabe suponer que las autoridades de esa comunidad autónoma han realizado un análisis minucioso, y concluido que el número de médicos que sobran es parecido al de facultativos que no saben catalán. Plan de austeridad sanitaria, vaya. De lo más loable, en estos tiempos de crisis que nos ha tocado vivir.

         El gobierno murciano, versado como el que más en estas cuestiones y avispado por la necesidad, ha reaccionado con rapidez instaurando el primer trasvase de médicos que nuestro planeta ha conocido. No tardará en cundir el ejemplo. Las cuencas excedentarias (nacionalismos con inmersión lingüística) trasvasarán galenos a las deficitarias según establezcan los estatutos de autonomía de las comunidades por las que pasen los médicos. El lema médicos para todos, que aún no ha ideado nuestro gobierno regional, no tardará en ser presentado por el ínclito Karabatic mientras sacude furiosamente su rebelde y melenuda peluca blanca y entona un do de pecho que ya lo quisiera para sí Plácido Domingo.

         Y no pasará mucho, como es menester, antes de que la cuestión de los médicos se convierta en reivindicación histórica y motivo de disputas entre autonomías, que el buen Zapatero, Salomón entre  Salomones, zanjará repartiendo médicos como churros en sus discursos y mítines, si no instalando desaladoras médicas, en las que por una puerta entre un zoquete sin oficio ni beneficio, y por otra salga con su diploma bajo el brazo, presto a ejercer dondequiera que sea requerido. Es lo que tiene ser mago, que con un chascar de dedos la realidad se desvanece y no hay paros ni sequías, sino derechos y protecciones.

         Pero, hablando ya en serio, resulta escalofriante con qué infame desfachatez el gobierno balear deteriora sus servicios sanitarios en pro de su afrentada lengua, y con qué pillería, que en Rinconete o Cortadillo fuera exceso, el gobierno murciano echa el guante en un trae pacá esas sobras a los infortunados doctores, cual si en efecto fuese mercancía desechada, y les ofrece empleo en ésta nuestra comunidad, donde el panocho no es preceptivo ni está amenazado de muerte por el grosero nacionalismo español, según parece.

         Faltan médicos en todas partes. Y la solución no es quitárselos al vecino. Los ciudadanos de Baleares no se merecen unos políticos obtusos cegados por la ambición nacionalista, por mucho que los hayan votado, y los murcianos no nos merecemos unos políticos que aprovechan el descuido para hurtarle al de al lado, aunque sea para comer. Si estoy en UPyD es, entre otros muchos motivos, porque creo en la igualdad efectiva de derechos de todos los ciudadanos de España, y no acepto que para mejorar mi sanidad se deteriore la balear. Hay que aumentar la inversión en sanidad, como en educación o justicia, porque son los pilares básicos de la vida y la convivencia. Y hay que aumentarlos para todos, para que baleares y murcianos, y todos los demás españoles, tengamos los servicios sanitarios que nos merecemos.

         Y las lenguas afrentadas, que esperen.

Anuncios