Nunca olvido una cara, pero con usted haré una excepción (Groucho Marx).

         No tengo por costumbre responder a artículos de otros blogs, pero en este caso voy a hacer una excepción. Me estoy refiriendo al artículo de Lidia Falcón La custodia compartida no debe imponerse. Dicho así, podría ser razonable; tan razonable como La custodia materna no debe imponerse, o La custodia paterna no debe imponerse. Las tres afirmaciones parecen igualmente válidas, pero es obvio que, a falta de acuerdo entre los padres, algo hay que imponer.

         Pero vayamos al artículo. Comienza la señora Falcón lamentando la ingenuidad de las feministas, entre las cuales se incluye, por ignorar la irrectroactividad de las victorias que obtenían frente al machismo. Almas cándidas todas ellas, no muy acostumbradas a las durezas de la vida adulta, por lo visto, pensaban que todo era llegar y besar el santo. Bienvenidas al mundo real, señoras feministas falconianas (que las otras, las de verdad, las que luchan por la igualdad, ésas no necesitan bienvenida ninguna, afortunadamente).

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