He aquí un nuevo ejemplo de la espeluznante tragedia que viven cientos de miles de niños en España. El artículo que enlazo comienza con un párrafo escrito por un niño de 7 años con ayuda de una redactora. Resulta estremecedor y al mismo tiempo indignante, que se someta a esa pobre criatura inocente a la tortura de arrancarle un trozo de sí mismo.

         Lo que el niño no entiende (y esperemos, por su propia estabilidad emocional, que tarde mucho en entenderlo) es que no es el juez quien quiere separarlo de su padre; es su propia madre. El juez sería, en este caso, un colaborador necesario, como se dice en derecho, pero es la propia madre la verdadera culpable de esta aberración contra natura, al negarse a llegar a un acuerdo con el padre para compartir la custodia.

         Antes de continuar esta reflexión, dejo el enlace:

Tengo 7 años, me llamo Jaime y un juez quiere separarme de mi padre

“Me gusta mucho hablar con mi padre, a veces discutimos porque tengo que cenar pescado, y no me gusta el pescado; él dice que es mucho mejor que las hamburguesas, pero no me gusta el pescado… pero ¿por qué me tengo que quedar con mi madre? ¿no me puedo quedar con los dos?”

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