Pocas cosas se me ocurren más humillantes que la publicación en la prensa de las vergüenzas propias. Imagino cómo debe de sentirse Lydia Bosch al ver en todos los diarios, a raíz de la sentencia número 835 de la Audiencia Provincial de Madrid, todas sus peticiones por el bien de sus hijos aireadas con todo lujo de detalles. Echemos un vistazo, aunque la vergüenza ajena nos ruborice:

  •  Pedía doña Lydia 500.000€ de indemnización, por el bien de sus hijos. Denegado. El juez parece opinar que mejor que se los gane ella trabajando un poquito.

  •  Pedía doña Lydia 23.000€ mensuales de manutención para los dos niños. Con toda seguridad, doña Lydia no tocaría un céntimo de ese dinero (para eso ya tendría los 500.000, claro) y lo dedicaría exclusivamente a la comida, ropa, calzado, material escolar… de los niños. Seguro que en el país de Nuncajamás de Lydia Bosch, esas necesidades de los niños requieren 23.000€ mensuales, aunque yo para cubrir las del mío apenas tengo 150€. El juez deja 2.800€, que ya está bien.
  •  Pedía doña Lydia el uso y disfrute de la mansión. Porque ella lo vale, digo, por el bien de sus hijos. Denegado. El juez parece tener el abstruso criterio de que, si la casa es de los dos, que la disfruten los dos, seis meses cada uno.
  •  Pedía doña Lydia la custodia para ella con un régimen de visitas carcelario para el padre. Por el bien de sus hijos, claro, que están mucho mejor huérfanos de padre. Pues va a ser que eso tampoco se lo concede su señoría, que otorga un reparto de tiempo que, como ya tenemos muchos otros -afortunadamente- es una custodia compartida de facto.
  •  Pedía doña Lydia una elevadísima (la noticia no especifica la cifra) pensión compensatoria por su dedicación al hogar. Por el bien de sus hijos, será… No sabemos si también pidió doña Lydia pensiones compensatorias para las entre 3 y 5 personas que trabajaron en su casa, haciendo precisamente las tareas del hogar por las que ella quiere ahora cobrar. En fin, que el día que paguen compensatorias por dormir la siesta, yo me apunto, pero mientras tanto, Lydia, tendrás que trabajar como hacemos los demás.
  •  Por cierto, doña Lydia fue una más de ésas que, cuando no les aceptan el convenio (con los 500.000, los 23.000, etc.) se van al juzgado y ponen una denuncia de malos tratos. Parece que se desestimó en todas las instancias judiciales y que Alberto Martín tuvo el detalle elegante de no querellarse contra ella por falsa denuncia.

         En fin, es muy triste que todo el mundo sepa cómo te las gastas, pero amiga mía, si no quieres que todo el mundo sepa que eres así, lo más efectivo es, precisamente, que no seas así.

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