Con el cambio de año, y las buenas intenciones que suelen acompañarlo, me dispongo a escribir sobre temas diferentes de los que últimamente han ocupado mi tiempo. Así, con estas opiniones “literarias” que aquí presento, he decidido también eliminar gran parte de las entradas previas de este blog, dejando únicamente las que tienen algo de especial.

            Éstas son mis opiniones y observaciones sobre los libros que he leído recientemente. No he tratado de ser objetivo, sino todo lo contrario, he expresado lo que me parece cada obra, lo que pienso yo como lector particular, sin mayores pretensiones:

  • Paul Auster, La trilogía de Nueva York: poco recomendable. A pesar de su fama, de ser una obra con buena acogida entre los lectores y mejor crítica de los expertos, a mí no me gustó. Me pareció aburrida, no me aportó nada. La redacción está muy cuidada, pero ahí empiezan y acaban sus virtudes. Los personajes son sombríos y aburridos, y los argumentos tienen poca fuerza.
  • Clive Barker, Cabal: poco recomendable. Si bien el comienzo parece prometedor, enseguida empiezan los desvaríos, que van a peor según avanza la historia.
  • Stephen Baxter, Las naves del tiempo: muy recomendable. La continuación “autorizada” de La máquina del tiempo, de H. G. Wells, la supera con creces tanto por el extraordinario despliegue de imaginación como por la calidad literaria en sí. Pertenece al género de la ciencia ficción dura (aquella que resulta coherente con el conocimiento científico de la época), y eso le da, si cabe, un punto más de valor, puesto que conjuga a la perfección la creatividad con la verosimilitud.
  • Greg Bear, Eón: recomendable. Otra obra de ciencia ficción dura, pero sensiblemente inferior a la novela de Baxter. Eón crea y desarrolla una ficción interesante que engancha, pero que decepciona un poco según se aproxima el final.
  • Gregory Benford, Cronopaisaje: absolutamente extraordinaria. Una novela de argumento impecable, personajes profundos y solidez científica. De lo mejor que he leído en toda mi vida.
  • David Brin, El cartero: poco recomendable. Una obra galardonada con algunos de los más importantes premios de la ciencia ficción, y que sin embargo no tiene apenas rasgos que la califiquen en ese género. El argumento es lineal, predecible y con poco gancho.
  • Emily Brontë, Cumbres borrascosas: poco recomendable. Un clásico que me resultó decepcionante. Muy bien escrito, pero con un argumento tétrico y pesimista que no te atrapa en ningún momento.
  • Robin Cook, Miedo mortal: recomendable. Una obra de ficción médica que resulta bastante amena, aunque sin mayores pretensiones literarias. Una “lectura ligera”.
  • Almudena de Arteaga, La princesa de Éboli: poco recomendable. El lenguaje es anacrónico y la redacción está muy poco cuidada. No puedo opinar sobre la veracidad histórica de los hechos narrados puesto que los desconozco, pero aunque ésta fuese impecable, la novela resulta muy decepcionante.
  • Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?: poco recomendable. La clásica novela en la que se basa la película “Blade Runner” resulta asombrosamente floja, dadas las expectativas que puede despertar la película para alguien aficionado a la ciencia ficción. Los personajes no son creíbles, la redacción es descuidada, la historia no dice nada…
  • Frederick Forsyth, El negociador: poco recomendable. Me gusta mucho Forsyth (El cuarto protocolo, El manifiesto negro, …) y, quizá por eso, esta novela me defraudó especialmente. Da la sensación de que el autor empieza a partir de una idea muy genérica y trata artificiosamente de retorcer la trama, alargándola a base de parches que no parecen conducir a ningún lado. Es, casi seguro, lo peor que he leído de él.
  • Pauline Gedge, Águilas y cuervos: poco recomendable. La novela histórica es otra de mis pasiones, y muy en especial la ambientada en la antigua Roma (McCullough, Graves, grandísimos maestros…), pero esta obra no está a la altura. La profusión de adjetivos resulta saturante hasta el hartazgo y produce la sensación de querer hacer más largo el libro a toda costa. Si la misma historia se hubiese contado en la mitad de páginas, estoy convencido de que habría resultado mucho más amena. Así, resulta cargante.
  • Noah Gordon, El médico: muy recomendable, una gran novela. El argumento es lineal y directo, y la narración sencilla, pero lejos de quitar mérito a la obra, estas características, magistralmente combinadas, hacen que uno se enganche y no pueda parar de leer. Además, se aprende mucho sobre la cultura hebrea, y esa cualidad didáctica, sumada al sencillo placer de una lectura fácil, hacen de ésta una gran obra.
  • Gisbert Haefs, Aníbal, la novela de Cartago: muy recomendable, sensacional. Haefs es otro de los monstruos de la novela histórica, y ésta es una de sus mejores obras, si no la mejor. Recrea de manera maravillosa la vida en aquella época, así como el auge y ocaso de una de las civilizaciones más apasionantes de la historia de la humanidad.
  • Dean Koontz, Hogueras espectrales: poco recomendable. Ni tiene buena historia, ni buenos personajes, ni buena redacción… Realmente, no aporta nada.
  • Eduardo Mendoza, El asombroso viaje de Pomponio Flato: recomendable. Una novela divertida a secas; yo no la llegaría a calificar “de humor”, pero está bien escrita y resulta amena.
  • Eduard Punset, Por qué somos como somos: poco recomendable. Tenía curiosidad por leer algo de una persona que cae bien a casi todo el mundo y tiene una larguísima trayectoria profesional ligada a la ciencia, pero resultó muy decepcionante. Las ideas están desordenadas, enredadas, y se tratan de manera superficial. Hace continuas menciones a entrevistas suyas en Redes, y ésa podría ser un forma interesante y original de enfocar la reflexión sobre distintas cuestiones científicas y filosóficas, pero no llega a lograrlo, quedando en una especie de pedantería de “fíjense a cuántas personas importantes he entrevistado”.
  • Robert Silverberg, El hombre estocástico: recomendable. Un libro bien escrito y con un argumento bien trabajado.
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