Dice el mítico personaje de José Mota, El tío la vara, que su misión consiste en erradicar la tontería que hay en el mundo. No vendría mal que hiciera una visita a la sede de algunas asociaciones autodenominadas feministas, pero que sólo se representan a sí mismas, que cada vez que abren la boca es para decir una memez. Andan ahora estas señoras –y algunos señores que las secundan, quizá sintiéndose hipermegaprogres divinos de la muerte y chachipiruli– enfrascadas en una lucha feroz contra la RAE a cuenta de esos manuales de lenguaje no sexista tan monos que se vienen sacando de la manga de un tiempo a esta parte, y que la Academia acaba de censurar, con toda la razón del mundo, como contrarios al más básico principio de comunicación. Decía recientemente el académico Ignacio Bosque que “si se aplicaran las directrices propuestas en las guías de lenguaje no sexista en sus términos más estrictos, no se podría hablar”. Y ya tenemos la respuesta de estas cuatro atontadas que, en nombre y representación de la humanidad, reparten lecciones de igualdad de género (ignorantes ellas de que el género es una propiedad de las palabras; lo que tienen las personas se llama sexo) y uso del lenguaje (igual querían decir lengua, pero emplean la palabra lenguaje porque, al ser masculina exacerba sus victimistas argumentos).

            Según una de estas señoras, la RAE es una institución machista porque está compuesta por hombres. La estupidez de la afirmación es de tal calibre que huelgo de hacer comentarios.

            Otra de las tontunas que han dicho: “no incorporar el lenguaje no sexista significa hacer invisible a las mujeres”. Igual la señora ha leído recientemente a H.G.Wells… Ah, no; que ése era hombre y, por consiguiente, machista. ¡Puaj!

            Más perlas: La RAE “nunca ha dado una solución y se ha negado a reparar los usos que el lenguaje ha ido facilitando” y, mientras esto siga así “se seguirán haciendo documentos paralelos”. Escalofriante amenaza; tiembla, RAE, que van a hacer más documentos para lelos. Uy, perdón, quise decir paralelos, esto es, que discurren uno al lado del otro manteniendo una distancia constante.

            También se quejan de la anacronía de ciertos términos, y de la inutilidad de otros, y piden que los retiren del diccionario. Pues mira, sí, eso es buena idea. Todo lo que no sean las 104 palabras que se saben estas señoras (que serían 52, pero como hay que decirlas en masculino y femenino cada vez…), que se retiren del diccionario, que no hacen más que confundir.

            Viene a continuación la mejor de todas las frases escupidas por las miembras de este lobby, a saber: que es una “aberración” para la humanidad que la RAE “diga que da igual hablar en masculino que en femenino” porque “es querer retrotraer a los tiempos donde el fuego se hacía con piedras”.

            Analicemos la joya, porque vale la pena: lo de la aberración para la humanidad, bien significa que es una aberración que se entrega como presente a la humanidad (cosa bastante rara), bien es un error de tal magnitud que cabría calificarlo como aberración contra la lengua española.

            Después afirma que la RAE dice que da igual hablar en masculino que en femenino. Miren, hablar, lo que se dice hablar, hablamos en español, no en masculino ni en femenino. Que se use el género masculino para englobar a ambos géneros es lo que a ustedes les parece mal, pero tampoco en eso dice la RAE que dé igual; hay que hacerlo conforme a las reglas de la gramática. La lengua española es como es; si ustedes quieren inventar una nueva lengua, nadie se lo impide, pero no la llamen español (les sugiero un nombre: españolyespañola).

            Luego hablan de retrotraer a los tiempos… Pero ¿retrotraer qué? Ya sé que esto de la gramática es complicado, que son muchas palabras y muchas reglas, pero lo cierto es que el verbo retrotraer es transitivo, no tiene mucho sentido sin un complemento directo (se retrotrae algo a algún tiempo). Supongo que quisieron decir retroceder o bien retrotraerse

            El final de la frase también es para enmarcarlo: los tiempos donde el fuego se hacía con piedras. Otra vez esas tonterías de la gramática, ya lo sé, pero es que donde denota lugar, no tiempo. Tendría que haber dicho “los tiempos cuando el fuego se hacía con piedras” o “los tiempos en que el fuego se hacía con piedras”. Por cierto, que parece una retrotracción cíclica, una especie de paradoja temporal, porque hoy el fuego se hace con piedras… en los mecheros, por ejemplo.

            Lamentan, además, que “haya esta clase intelectual en España” capaz de “denegar a la base de la humanidad, a la base de la igualdad, a la base de los derechos de las mujeres, y a una educación en valores de igualdad con un lenguaje en igualdad”. ¿Denegar qué (otra vez el problemilla con la transitividad verbal)? ¿Y cómo se han convertido esas cuatro señoras mal contadas en la base de la humanidad y de no sé cuántas cosas más? Para rematar la idiotez, dice que dejar de denegar ese no sé qué que deniega la clase intelectual española a todas esas bases, haría posible “erradicar una lacra que en este país se viene cobrando desde 2003 entre 60 y 70 mujeres por año”. Diccionario asesino, pardiez, que con sus anacrónicas y trasnochadas palabras va por ahí matando mujeres. Flaco favor a las víctimas hacen estas señoras, acusando a un diccionario de crímenes que comenten personas. A esas personas es a las que habría que perseguir, y no al pobre diccionario de la RAE.

            La reflexión siguiente es de las buenas: “hemos avanzado y nos hemos dado cuenta a lo largo de la historia * que el lenguaje es una herramienta fundamental de comprensión y entendimiento entre los seres humanos”. Le falta una preposición (“de”) donde he puesto el asterisco, pero en el océano de burradas que estamos comentando, este queísmo es una gotita de nada. Y continúa: “no se puede entender la negativa a que las niñas construyan su identidad propia siendo nombradas como niñas y no como niños”. Pues no, no se puede entender la frase porque está mal construida. Además, eso de construir la identidad propia (¿y la impropia, cómo se construye?) siendo nombradas como niñas y no como niños, ¿qué demonios significa? Jamás se me habría ocurrido, cuando niño, construir mi identidad propia siendo nombrado como niño. Estoy por coger la máquina del tiempo del machista ése que he mencionado antes, y volverme a mi infancia, a construir mi identidad propia siendo nombrado como niño. Qué complicado…

            Asimismo, la señora se muestra “convencida” de que si en los “grandes” órganos donde se toman las “grandes” decisiones, como el Consejo de Estado, el Tribunal Supremo o la RAE, “hubiera habido paridad desde el principio, no estaríamos lamentando los crímenes contra las mujeres”. Pues sí, en la RAE se toman grandes decisiones. De hecho, creo que fue la RAE la que ordenó el ataque a Irak y el rescate financiero de Grecia. Es claro, según estas espantapájaras, que los crímenes contra las mujeres no se producirían de haber paridad en estos tres órganos. Si a alguien se le ocurre una gilipollez más gorda, que la diga. Yo apuesto a que no la hay.

            Luego, aprovechando la cosa progre, una portavoza del PSOE ha dicho: “en la gramática tenemos que caber y nos tenemos que sentir reflejados todos y todas”. A ver, señora: en la gramática no tiene que caber nadie porque es un conjunto de normas, no un barco; y tampoco tenemos que reflejarnos, porque no es un espejo.

            Es curioso lo de todos y todas. Y es curioso porque, en nombre de la defensa de la igualdad, lo que se hace es subrayar la diferencia. Cuando, por ejemplo, se habla de “los diputados y las diputadas”, en vez de usar el genérico “los diputados” para referirse a todos, se está discriminando, se está diciendo que no es lo mismo un diputado que una diputada, que son diferentes y por eso hay que nombrarlos a ambos. Es como si, refiriéndonos a la fauna marina, hablásemos de “los peces y los besugos”, en vez de decir “los peces” y considerarlos englobados a todos. Por ejemplo: “Los peces y los besugos tienen branquias”, frente a: “Los peces tienen branquias”. En el primer caso, uno se pregunta ¿qué tienen los besugos de diferente con el resto de los peces?

            Así, uno se pregunta ¿qué tienen las diputadas de diferente con el resto de los diputados?

            Otra joya impagable de la mentada portavoza: “queremos ser visibles dentro del lenguaje. Estoy segura de que eso no va a romper la esencia del lenguaje”. No, hija, no. No te preocupes que no se rompe la esencia del lenguaje aunque te metas dentro…

            Para rematar la faena, CCOO le pide a la RAE un “lenguaje más democrático”. Trato de imaginarme a las palabras acudiendo a votarse unas a otras, debatiendo entre sí cómo deben definirse, eligiendo representantes en los órganos gramaticales… Sí, un lenguaje democrático sería divertidísimo. Por cierto, supongo que también habría sindicatos de palabras (obreros y obreras) que se opondrían al poder fáctico de palabras como “patrón” y “cura”, que serían las que mandasen.

            En fin, estos despropósitos nos sirven, al menos, para echarnos unas risas, que no vienen nada mal en estos tiempos de crisis…

            Como de costumbre, mis respetos a las verdaderas feministas (la inmensa mayoría de las mujeres del mundo).