Abre el periódico y lee: “Las ballenas pueden imitar las voces de los humanos”, y en el subtítulo: “Según científicos estadounidenses”.
            -¡Recapullos! -gruñe.
            -¿Qué pijo pasa? -pregunta el compinche con una ramita entre los dientes.
            -Las ballenas puén hablar como los humanos.
            -¿Cuálo?
            -Como tú y como yo en perfeto castellano.
            -¿Ande cojones s’ha visto una ballena ‘blando castellano, capullo?
            -Yo qué hé, ancatumare pué sé.
            -¿A que te meto una somanta hostias que te’jo baldao, cabronazo?
            -Pos no preguntes tanto, gelipollas.
            El de la ramita la escupe y se levanta.
            -¿Ande pijo vas? -le pregunta el otro.
            -Al celerador de enpartículas a ver si s’han enterao d’algo.
            -Espeate una miaja que andan colisionando hadrones, se vaya escapar uno y te dé nun ojo.
            Y ambos esperan sentados hasta que llega el momento.

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