-¿Andestán lor zagaleh?
            -Ancalasputas –responde el de la ramita, que ahora chupa un farias sin encender.
            -¡Hottia! ¡Lor zagaleh pequeñoh, pijo!
            -Yo qué capullo sé. Tarán casumare, copón, que hoy les toca.
            -¿Ancaquemare? –pregunta mientras se rasca un testículo.
            -¿Cuála va’ser, rehottia? ¡Y ha’l favó de dejarte quieto’l güevo, que te se va poné colorao como la punta’l pijo un mono!
            -M’arrasco porque me pica. ¿He paha?
            -Ná, cohoneh, no paha ná. Asín te se reviente la güevera de tanto estrujala.
            Siguen caminando despacio, rumbo al celerador de enpartículas, hasta que se sientan junto a un árbol a descansar.
            -¿Ta mu lejos? –pregunta el del farias.
            -¿Cuálo?
            -¡Tu puta mare! ¿Cuálo va ser, el celerador de enpartículas?
            -Dos picosquinas más pallá, to tieso.
            Y allá que se encaminan.

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