–Hermógenes, Hermógenes.
                –Dime maestro.
                –Me he quedado sin pedúnculos en el cerebelo.
                –Válgame Zeus, otra vez.
                –Rápido Hermógenes, que se acaba el mundo.
                –No se acaba, son fabulaciones quiméricas tuyas.
                –Adiós, Hermógenes; muero de pena.
                –¡Paco! ¡Despierta! Deja ya de decir tonterías en sueños, que entre eso y que me tienes la teta cogida, no me dejas dormir.

Anuncios