–Hermógenes, Hermógenes.
                –Dime maestro.
                –¿Qué ocurre ahí fuera? ¿Qué es esa algarabía?
                –Es una jauría de perros procaces.
                –Válgame Zeus, ¿qué será de mí, Hermógenes; qué esperar de tan desalmadas fieras?
                –No ocurrirá nada, maestro. No te hagas fabulaciones quiméricas.
                –Adiós, Hermógenes; muero de angustia.
                –¡Paco! ¡Despierta! Deja ya de decir tonterías en sueños, que entre eso y que me tienes la teta cogida, no me dejas dormir.

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