Y ahora, un poco de humor burro. Éste es el relato con el que mi hijo José David obtuvo un accésit en el concurso literario de su cole el año pasado (tercero de primaria):

 

Pipito en el mar

 

Cuando los burros van de pesca, ocurren cosas asombrosas.

Esa mañana, el padre de Pipito lo despertó a las siete, le dio un rebuzno de buenos días, le hizo un masaje en el lomo, y le dijo que se duchara.

Los geles y los champús del mundo de los burros no se llamaban así, se llamaban burrogeles y burrochampús.

Después de ducharse y echarse burrodorante, se puso una camiseta interior con una marca de oreja de burro y una camiseta con su cara. Se puso unos pantalones vaqueros con orejas y morrito. Eran grises, como la piel de Pipito.

Tenía hambre y gritó:

-Pipito tiene hambre, papá.

Entonces, bajó a la cocina y se encontró el desayuno puesto en la mesa. Tenía para elegir: alfalfa, palomitas, tostadas con aceite y azúcar, leche y galletas simpsons.

Eligió todo, y cuando sus padres estaban distraídos, a su padre le mordió el culo. El padre gritó saltando y rompiendo el tejado hasta la luna:

-¡¡¡Aaaaaaahhhhhh!!! ¡Eres muy persona!

Cuando bajó de la luna, casi ahogado por la falta de aire, cayó como un cometa con el trozo de culo que le quedaba todo quemado.

Después de echarle la bronca, el padre lo castigó en su habitación. Cuando estaba cruzando la puerta de la cocina, vio que su madre no estaba allí. Subió a su habitación y cerró la puerta, se acostó en la cama y encendió la tele. Su padre subió y Pipito, de repente, empezó a decir:

-Ahora es más ahora que antes porque antes era menos ahora que ahora. Después también será menos ahora que ahora. Cuando más ahora es, es ahora.

El padre de Pipito dijo:

-¿Te has vuelto más loco que una cabra?

-No, me he vuelto más loco que un burro.

-Pero si ya eres un burro.

-Ah, pues sí.

El padre se bajó al salón. A los diez segundos, Pipito vio algo que se movía debajo de la cama. Entonces salió de repente un fantasma, pero no volaba, así que Pipito se quedó más tranquilo. Pero entonces lo pensó mejor y le levantó la sábana, que tendría que ser su cuerpo, y vio que su madre estaba debajo, y su padre lo estaba espiando desde la puerta.

Antes de levantar la sábana, Pipito se pegó un susto y su grito se oyó en Marte.

Sus padres se rieron de él y Pipito se enfadó.

Después de un rato, vieron que llegaban tarde a al crucero a pescar. Entonces, cogieron todas las maletas que tenían que llevar y a la madre le picó un gusano de la caja de pescar. Su madre llegó hasta el burrocoche pegando saltos tremendos.

El burrocoche es como un coche normal, pero lo que pasa es que del cristal le sale una cara con morrito, ojitos y orejas. No tiene ruedas, sino patas. No tiene maletero. En su lugar, está el culo, y cuando se abre, el que ha abierto la tapa del culo, como todos sabemos, los burros llevan cola. La madre lo abrió, y entonces saltó de repente una cola que empezó a pegarle colazos en la cara.

Abrieron las puertas, que estaban en las patas delanteras, y cuando abrían las patas, salía una luz que te hacía pequeño, se metían dentro, y se cerraban las patas.

Era como un ascensor, y a la vez, como un juego virtual. Le ponían unas gafas que veían como rayos-x, y era la calle de verdad.

Como los burros se mueven muy despacio, no iban haciendo el ruido de los coches, iban a paso de tortuga y rebuznando lentamente.

Se bajaron porque estaban cansados de la lentitud del burrocoche, cogieron las maletas, y se fueron con las patitas en un nudo, rodando como en los dibujos hasta el barco.

El dueño era un chinito. Estaba limpiando el barco con una fregona. Su fregona era diferente, no tenía pelos normales sino pelos de la nariz, de la suya. Se los arrancaba, y los pelos llevaban trozos de mocos. Cuando limpiaba no se quedaba limpio, sino más sucio. Por eso el crucero se llamaba CO-CHINO.

El chino les deseó buenos días, pero él decía punolía.

En el barco los dejaban pescar por 5 euros por cabeza. Le pagaron y se montaron en el crucero.

Su camarote era el 1690. Tenía una vista fantástica. Mientras estaban allí, vieron pasar una orca y un tiburón de punta blanca. El mar estaba verde y Pipito olió algo muy raro. Le dio igual y se bajó. Había mucha gente pescando y cogían muchos peces. A él le entraron ganas de pescar y llamó a sus padres.

Primero se bañaron en una piscina gigante y luego fueron a comer.

El barco resbalaba mucho, pero no era por lo limpio sino por lo sucio de los mocos. Pipito se puso a dar saltos de alegría e hizo un agujero en la cubierta con las patas. Debajo de la cubierta encontró un tesoro con diamantes y cogió algunos, los que le cupieran en los bolsillos y a la vez no se notaran. Una cosa que no he contado: ¿sabéis que cuando los burros tienen miedo y están en un sitio que sólo se puede huir volando o trepando, las orejas se les convierten en hélices?

Y eso es lo que hizo. Arriba no mencionó nada.

El dueño del barco arrancó el motor y empezó a navegar.

En el camino, iban metiendo el morrito en el agua para pescar.

Se pararon en Roma y vieron el Coliseo.

Había muchos turistas, así que se fueron al barco.

En una de las veces que Pipito echó el morro en el agua alguien se lo pilló desde dentro del agua y lo ahogó.

Los padres, muy asustados, se tiraron tras él.

Debajo del agua, lo perdieron de vista y se asustaron mucho cuando vieron a un pulpo que hablaba. Al padre le dio un patatús y se ahogó, y la madre se ahogó también tratando de salvarlo.

Después de un rato, Pipito se despertó y vio a unos marcianos con dos cabezas y tres bocas en cada cabeza.

Eran BURROS-MARCIANOS, con cuernos y patas verdes y el cuerpo y la cara azules.

Le habían puesto un casco de cristal y entonces se dio cuenta que era un BURRO-MARCIANO él también. Era igual que ellos. Estaba en una camilla verde y le dijeron a Pipito que se levantara:

– Avántate Apito Aito.

Pipito lo entendió y se levantó.

Él habló y se pegó un susto porque él también hablaba así y respiraba debajo del agua.

Intento salir del agua, pero no podía respirar.

Así que se quedó allí. Tenía miedo pero no sabía qué hacer e hizo amigos: uno era un pulpo Ernesto, otro un salmón Saúl, otras dos sardinillas Manuel y Nerea, otro un pez payaso Israel y otro un pez linterna Fran.

El mar era muy bonito por debajo y había peces como: peces gato, aguja y espada, mantas, etc…

Al tercer día Pipito comió gazpacho y le entraron dolores de barriga. Fue al váter y cuando terminó de hacer sus cosas de burro, vio que el agua se iba por el váter hacia una tubería. A Pipito se le ocurrió buscar por todo el mar una tubería para huir.

Cuando la encontró le pidió a sus amigos ayuda.

Cuando los guardas estaban distraídos, Pipito corrió, pero se dieron cuenta. Sus amigos intentaron retener a los guardas, pero no pudieron. Alcanzaron a Pipito y, cuando lo alcanzaron, le dispararon con una bala y, cuando la bala lo tocó, éste se despertó y se dio cuenta de que era un sueño y que su padre lo estaba llamando para irse al crucero.

 

FIN

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