Trabajo en la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia desde enero de 2006. Durante los 12 años anteriores estuve trabajando en el sector privado. Lo que he visto en la Administración pondría los pelos de punta a mis antiguos compañeros de las empresas, pero me quiero centrar hoy en un aspecto: la estafa que, con su comportamiento, cometen muchos funcionarios contra el contribuyente que paga sus sueldos.

Vaya por delante que más de la mitad de los funcionarios son excelentes profesionales, cualificados y trabajadores, y que es profundamente injusto desacreditar a todos los funcionarios o al cuerpo funcionarial en su conjunto. Creo que la Administración se podría ahorrar la mitad del Capítulo 1 de su presupuesto (sueldos y salarios) sin perder un ápice de efectividad si se pudiera despedir a los vagos e impresentables. Lamentablemente, no se puede… aún.

El más llamativo de los comportamientos fraudulentos, y que cualquier ciudadano puede contemplar personalmente si acude a un edificio oficial a primera o a última hora, es el engaño en el fichaje. En Hacienda, donde estuve primero, vi hacerlo en algunas ocasiones, pero en Agricultura, que es mi actual destino, la desvergüenza supera todos los límites. A las 7.30 los cuatro ordenadores de fichaje se llenan… pero no de personas, sino de fichajes. Unos pocos acaparan los cuatro puestos realizando fichajes uno tras otro a usuarios que llegarán después de las 9. En alguna ocasión he tenido que pedir por favor que me dejasen pasar, “que sólo voy a hacer un fichaje”. A última hora es igual, se quedan unos pocos para fichar la salida de todos los demás. También los hay que se van a casa y vienen a última hora de la tarde, fichan la salida y se vuelven a ir.

Una vez en sus puestos, las pocas horas que realmente están, se dedican a mirar el periódico, hablar por teléfono con las amigas, comer (sí, comer, han leído bien), pintarse las uñas, hablar de sus cosas… A la hora del desayuno (un ratico después de llegar, no se crean que están mucho tiempo en sus puestos), desaparecen durante un par de horas y vuelven cargados y cargadas de bolsas del Consum, Carrefour, El Corte Inglés, Zara… en fin, ya saben, lo que viene siendo el duro trabajo funcionarial. Cada cuarto de hora tienen que bajar a fumarse un cigarro o echarle monedas al coche, según sean o no fumadores. Recuerdo incluso en cierta ocasión en mis comienzos, cuando aún se convocaban oposiciones y yo necesitaba presentarme para intentar sacar plaza fija, que un compañero me afeó que estuviese allí trabajando: “tú desconecta el teléfono”, me dijo, “y ponte a estudiar, que nadie te va a decir nada, y lo importante es sacar la plaza”. Por supuesto no lo hice, y sigo siendo interino…

Al final, la mitad de la plantilla trabajamos el doble, y la otra mitad cobra sus sueldos sin pegar palo al agua. Esta es la triste y vergonzosa realidad de la Administración Pública. De los impuestos de todos ustedes salen los sueldos de esta gentuza…