febrero 2015


De vez en cuando tropiezo con textos como éste: Custodia compartida una vez más.

Procuro no hacer caso, ni me molesto en leerlos la mayor parte de las veces, pues la reiteración de las mismas falacias resulta de lo más aburrido. Además, siempre que trato de responder con algún comentario refutando las idioteces que dicen, mis comentarios son censurados. La demagogia y la censura son siempre compañeras de viaje.

El “artículo” que comento hoy no tiene nada de especial, es más de lo mismo. Me detengo en él debido al contexto, a la ley de custodia compartida que se está tramitando en el Parlamento y a las manifestaciones, rematadamente torpes según la interpretación más benévola, del ministro Catalá.

Y es que la señora Falcón se empecina, como de costumbre, en reavivar el modelo machista y retrógrado tradicional que consiste en mandar a la mujer a la cocina, a fregar y a cambiar pañales, y a los hombres a trabajar fuera de casa y, a ser posible, sin pisarla. Según este modelo, que ella y sus compinches llaman con sorna “feminismo”, los roles de hombre y mujer no pueden ser más diferentes, no pueden estar más alejados de la igualdad que persigue el auténtico feminismo, con el que siempre me he sentido identificado.

La señora Falcón esgrime, para condenar la custodia compartida que tanto odia, un peregrino argumento: las parejas se separan porque los hombres son maltratadores. Muy traumática ha tenido que ser la experiencia de la señora Falcón (cosa que lamento sinceramente) para llegar a una conclusión como esa. Selecciona ella unos cuantos ejemplos (de cuya veracidad no dudo) y de ellos hace norma, sin entender, o sin querer entender, que se puede hacer idéntica selección de madres que matan hijos, de señoras que asesinan a sus parejas o de perros que muerden a sus dueños. Es decir, los casos concretos son casos concretos, no se puede legislar para todos en función de unos pocos. Los maltratadores, las maltratadoras, los asesinos y asesinas, y todas aquellas personas que cometan delitos, deben tratarse de manera individual en función de lo que hayan hecho.

Lo cierto, señora Falcón, es que la inmensa mayoría de las parejas se separan porque su relación no funciona. Sencillamente. La vida en pareja es cada vez más difícil, los modelos sociales van cambiando y las estructuras familiares se tienen que ir adaptando. Entretanto, la gente sigue unas inercias como casarse y comprar una casa a medias, heredadas de tiempos pasados, y acaba estrellándose contra una realidad social diferente que hace que el modelo sea inviable. Las parejas se rompen, se odian, se tienen rencor… y es normal, porque uno pone su ilusión en un proyecto de vida y percibe que la otra persona tiene la culpa de que ese proyecto de vida se vaya al traste. Las rupturas de pareja conllevan odio, sí, pero es un grave error confundir ese odio legítimo con el maltrato doméstico.

Condenar a la mujer a ser chacha y canguro no es la solución. La custodia materna impuesta es el fracaso del feminismo.

Según los socialistas y las despechadas feminazis, esto no existe: Condenada a 18 meses de cárcel por poner hasta cuatro denuncias falsas contra su expareja.

Bien, pues una vez refutada la mentira que sociatas y despechadas rebuznan hasta la saciedad con este sencillo contraejemplo, vaya desde aquí mi propuesta para la nueva ley: ni los/as condenados/as por maltrato doméstico ni los/as condenados/as por falsas denuncias deben poder ostentar la custodia de los/as hijos/as, ni compartida ni mucho menos exclusiva. En todos los demás casos, compartida por defecto salvo que se demuestre que es perjudicial en cada caso concreto.

Sigamos avanzando hacia la igualdad, aunque haya de ser pisando cadáveres (políticos) de sociatas y feminazis.

Y por cierto, señor ministro Catalá, deje de decir idioteces en las tertulias. Está restando a su partido los pocos votos que le quedan.

Seguimos viendo a diario lo que ocurre cuando algunas madres, apegadas a su “sueldo y casa” procedentes del exmarido, ven peligrar sus anacrónicos privilegios. Esta tragedia es el peor escenario posible: Mujer quema vivas a sus hijas y habla por teléfono a su esposo para que escuche los gritos.

Por esto, y por muchos otros ejemplos que vemos en la prensa todos los días, tenemos que acabar con esos privilegios, con esa cultura inculta y machista de “la mujer a la cocina y a criar y el hombre a la calle a trabajar”. No basta con legislar en igualdad (que aún no se ha hecho y los necios peperos no parece que vayan a tener arrestos para hacerlo), sino educar en igualdad, enseñar a la sociedad que no por ser mujer se tienen derechos económicos y materiales sobre el exmarido, ni se tienen los hijos en posesión exclusiva. Mientras que esa faceta de la igualdad no cale hondo, seguiremos viendo dramas horribles como el referido arriba.

Esta noticia es paradigmática: http://www.elcorreogallego.es/galicia/ecg/fiscalia-reduce-mitad-condena-pedida-ourensana-acusada-intentar-matar-su-marido/idEdicion-2015-02-12/idNoticia-915906/.

No hay mucho más que decir; esto es España.

Si el acusado de envenenar a su mujer fuese el hombre, ya estaría encerrado, con mil pulseras de localización y sin volver a ver a sus hijas en su puñetera vida. Y las noticias nos habrían bombardeado con lo malos que somos los hombres, el PFOE habría pedido un endurecimiento de la ley contra los maltratadores (se les llena la boca con esa palabra) y las despechadas feminazis les tirarían de las gónadas a los cretinos que tenemos por dirigentes para que quitaran a los hombres los pocos derechos que les quedan.

Pero es mujer. Puede matar a su marido, o intentarlo. Está en su derecho. Esto es España.

Piénsalo: ese hombre víctima de envenenamiento podría ser tu hermano, tu hijo, tu primo…

Ahora vas y votas al PFOE.

Sí, el PFOE (Partido Feminazi Obrero Español) ha caído, por primera vez en 35 años, a la tercera posición en intención de voto, según el último CIS.

Y es que el partido de Pedro Sánchez ha perdido por completo el sentido político y ya no sabe decir otra cosa sino que el hombre es maltratador hasta que se demuestre lo contrario y aun después, que las denuncias falsas no existen, que tú mételo en la cárcel que algo habrá hecho.

Todo por haber nacido con pene, parece ser.

Y ahí empieza y acaba el discurso de los otrora socialistas. En el olvido quedaron los valores de la socialdemocracia que supuestamente han de defender: el estado del bienestar, la economía sostenible, la igualdad de derechos y obligaciones, el justo reparto de la riqueza… De nada de eso hablan ya. Se han arrojado en brazos de las cuatro organizaciones de despechadas feminazis que odian al varón por el hecho de serlo (probablemente por no haber encontrado ninguno con estómago para aguantarlas) y se lo juegan todo a la carta perdedora. Y es que afortunadamente cada vez más mujeres se dan cuenta de que tienen hijos varones, hermanos, amigos y hasta un padre, ninguno de los cuales merece ser torturado por un abuso del sistema que ya sólo el PSOE sostiene (con la pusilánime aquiescencia del actual gobierno, dicho sea de paso). Cada vez más mujeres, digo, se unen a la causa de la igualdad y exigen que sus hijos, hermanos, amigos y padres sean tratados con la misma dignidad que cualquier mujer. El repugnante discurso de la androginia les ha llevado a los socialistas al hundimiento, y no dan signos de entenderlo. Por ello, hay muchas posibilidades de que la izquierda radical, el viejo y rancio comunismo revitalizado por el coletas y sus bolivarianos secuaces, se coma al PSOE con patatas como ahora se está comiendo a IU, patético vástago de lo que un día fue el partido comunista de España.

Mira que me da miedo que los coletas pretendan implantar aquí un régimen pseudictatorial como el venezolano, pero más miedo me dan los sociatas, que me señalan con el dedo por haber nacido varón.

Parece ser que la nueva ley “de custodia compartida” va a garantizar que los hombres condenados por violencia doméstica no puedan ejercer la custodia compartida de sus hijos. Me parece bien, siempre que la ley no sea sexista; es decir, que tampoco puedan ejercer dicha modalidad de custodia las señoras que sean culpables de maltrato doméstico, ya sea físico o psicológico. Resulta especialmente dura y dañina, y por desgracia muy extendida, la tortura consistente en repetir una y otra vez: “te voy a quitar a tus hijos, tu casa y tu sueldo”. Porque claro, hasta ahora han podido hacerlo impunemente, con la complicidad infame de legisladores y aplicadores de la ley.

Pues bien, eso se tiene que acabar. La ley debe dejar bien claro que ni hombres ni mujeres tienen licencia para torturar. Que el que la hace la paga, con independencia de lo que tenga entre las piernas.

El partido popular tiene una buena ocasión para reconciliarse con una parte de su electorado. Con el psoe ubicado en la más acérrima androginia (ningún hombre debería votarlos si no quiere ir al trullo al primer estornudo de su chica o exchica), los coletas pisando fuerte con su demagogia populista que encandila al rebaño cerril, y Ciudadanos con un discurso serio y coherente que invita a soñar, el pp necesita un sitio, y defender los derechos humanos y la dignidad de la persona con independencia de su sexo puede ayudar a asentar una posición razonable.

Pongamos fin al feminazismo.