Seguimos viendo a diario lo que ocurre cuando algunas madres, apegadas a su “sueldo y casa” procedentes del exmarido, ven peligrar sus anacrónicos privilegios. Esta tragedia es el peor escenario posible: Mujer quema vivas a sus hijas y habla por teléfono a su esposo para que escuche los gritos.

Por esto, y por muchos otros ejemplos que vemos en la prensa todos los días, tenemos que acabar con esos privilegios, con esa cultura inculta y machista de “la mujer a la cocina y a criar y el hombre a la calle a trabajar”. No basta con legislar en igualdad (que aún no se ha hecho y los necios peperos no parece que vayan a tener arrestos para hacerlo), sino educar en igualdad, enseñar a la sociedad que no por ser mujer se tienen derechos económicos y materiales sobre el exmarido, ni se tienen los hijos en posesión exclusiva. Mientras que esa faceta de la igualdad no cale hondo, seguiremos viendo dramas horribles como el referido arriba.

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